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Baelo Claudia revela sus secretos en el Geolodía

 

Cuán detectives de una serie policíaca, los participantes en el Geolodía'17 de Cádiz recopilaron pistas hasta identificar al malvado asesino. El destructor de una de las ciudades hispano romanas más importantes de su época, Baelo Claudia, ha logrado ocultarse durante dos milenios. Pero los geoloamigos son gente espabilada y, lo mejor, tienen buenos guías orientando sus pasos.

 

Unas 150 personas participaron en la actividad en esta edición. El programa se desarrolló el 6 de mayo, en el entorno del conjunto arqueológico de Baelo Claudia, en Tarifa, Cádiz. Durante toda la jornada, voluntarios encabezados por el profesorado del Departamento de Ciencias de la Tierra de la Universidad de Cádiz fueron mostrando a los participantes los puntos de interés para descubrir la geología y morfología de la Ensenada de Bolonia, su relación con los humanos que se asentaron en los alrededores y por último, las pistas que desvelan el precipitado abandono de Baelo.

 

Precisamente, el objetivo del Geolodía en Cádiz era divulgar sobre los avances promovidos por la Geoloarqueología y la Arqueometría en el conocimiento del conjunto arqueológico.

 

Las diversas investigaciones realizadas en los últimos años han puesto de relieve que la ensenada de Bolonia se ha visto afectada por diversos movimientos sísmicos a lo largo de los últimos dos milenios. Las evidencias geoloarqueológicas demuestran que se produjo un “evento energético marino de gran intensidad”. Un tsunami cuya datación por radiocarbono a partir de los bioclastos coincide con la fecha del declive y posterior abandono de la ciudad: el siglo III.

 

Pero no solo de tsunamis viven los “geoloamigos”. También tuvieron la suerte de recorrer el recinto restringido militar entre Punta Camarinal y la Duna de Bolonia, aprender mediante la observación el significado de tecnicismos como “discordancia entre materiales”, “biocalcarenitas” o “rellenos de carbonato cálcico”, visitar los restos de las canteras romanas, además de entender el origen y comportamiento de las dunas de Bolonia y Valdevaqueros. La jornada culminó con una interesante visita al Museo de Baelo y al Conjunto Arqueológico, guiadas por arqueólogos y geólogos, en que se revelaron las últimas pistas para desvelar el misterio.

 

Mención aparte merece la labor desarrollada por el equipo organizador y de voluntarios/as, para gestionar todos los flecos que supone una visita tan numerosa, sin que ello suponga un detrimento en la faceta divulgativa de la iniciativa. Al igual, hay que dejar espacio para las viandas servidas durante el almuerzo, compuestas por productos locales facilitados por el consistorio tarifeño y empresas colaboradoras del evento. 

 

El guión se cumplió a rajatabla. Lo único que no venía en la programación fue iniciativa de un grupo de participantes adolescentes. Comenzaron a recoger botellas de plástico acumuladas en la duna de Bolonia. Los adultos siguieron su ejemplo. Así que, sin más preparos que la voluntad, las manos y el hueco que abarcan cada par de brazos para recoger todo lo posible, el descenso por la duna se convirtió en una improvisada limpieza de basura. 

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